Arte para soñar bajo cero
El escultor vasco José Pablo Arriaga diseña una de las habitaciones del ‘Ice Hotel’ de Suecia
El innegable talento sueco no se limita al diseño y comercialización de muebles y artículos de decoración a precios económicos en una conocida cadena multinacional. En cuanto comienza el invierno, uno de los ejemplos más significativos de su arquitectura comienza a tomar forma. Un equipo de medio centenar de constructores de nieve, arquitectos, diseñadores y artistas de todo el mundo se citan en la pequeña ciudad de Jukkasjaervi, a 200 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, para construir el ‘Ice Hotel’ -Hotel de Hielo-. Allí transforman sus ideas en ambientes congelados.
Aunque la temperatura es similar en todos los rincones del establecimiento -entre menos cinco y menos siete grados-, cada ’suite’ es única e irrepetible, ya que cada año, a partir de mayo, el recinto está condenado a derretirse bajo los rayos del sol. Con el deshielo, el agua regresa al río Torne, en la Laponia sueca. Entre las creaciones que los clientes podrán encontrar esta temporada en el interior del inmenso iglú figura la del artista markinarra José Pablo Arriaga, en colaboración con el escultor madrileño José Carlos Cabello. La obra del primer escultor vasco que toma parte en este proyecto lleva por título ‘Rupture Versus Brigde’ y ha tenido un claro objetivo: que los huéspedes perciban la sensación de dormir dentro de una escultura.
«El único elemento obligatorio era la cama, que en nuestro caso sirve de puente para conectar el suelo y las paredes, atravesadas por una grieta de hielo de cuatro toneladas que atrapa la luz natural que llega al interior», detalla el artista vizcaíno. De esta manera, Arriaga ha tratado de plasmar la filosofía sobre la que gira su trayectoria profesional: transmitir sentimientos con los elementos más simples de la naturaleza. A pesar de estar más habituado a manipular materiales como la madera, para el escultor vizcaíno trabajar con la nieve y el hielo ha sido una experiencia «única». «Ha resultado más fácil de lo esperado. Da la sensación de que uno mismo se va a meter en el interior del cristal, de la propia escultura; es quizás más agradecida que otros materiales», reconoce.
Los constructores del singular hotel esperan cada año el momento en que las aguas heladas del río Torne alcanzan los dos metros de grosor para extraer los bloques más transparentes y libres de burbujas para garantizar su pureza. Con una extensión de 4.000 metros cuadrados, el establecimiento cuenta con 120 camas, salas y galerías con columnas que llevan congeladas desde 1994, un bar -se sirven bebidas en vasos de hielo-, un cine, una capilla, así como un museo sobre la vida de la población Sami. «Las camas están cubiertas por pieles de reno y sacos polares porque la temperatura es realmente gélida», señala Arriaga. El deseo de conocer la sensación de pasar la noche bajo cero y poder contarlo es, precisamente, uno de los principales reclamos para los cientos de turistas que cada año acuden al inmenso iglú. Para el escultor, además, ha supuesto un importante hito en su carrera profesional, ya que su trabajo estará presente no sólo en los catálogos de arte sino también en las guías turísticas de medio mundo.
Mirari Artime
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20100109/gente/arte-para-sonar-bajo-20100109.html

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